Es frecuente pensar que los problemas que surgen ante una Web no accesible afectan a una minoría de personas. Este tipo de problema se suele relacionar únicamente hacia aquellos que sufren algún tipo de discapacidad física o psíquica. Sin embargo, la realidad es distinta y cualquier usuario puede padecer a lo largo de su vida problemas al acceder a las nuevas tecnologías e Internet, aunque resulten temporales.

Entre estas situaciones se encuentran las propias que van apareciendo con la edad, las que aparecen cuando se intenta acceder a la red a través de una de las numerosas formas actuales de comunicación (teléfonos móviles, netbooks, etc.) o los distintos tipos de conexiones con los que nos podemos encontrar.

Estos usuarios suponen un número muy elevado de población y no deben ser ignorados por las empresas. En la era de la Sociedad de la Información, para una empresa, independientemente de las obligaciones legales en materia de accesibilidad que deba cumplir, cumplir con las normas de accesibilidad Web supone una obligación moral. Su no cumplimiento puede ocasionar a la empresa numerosos inconvenientes, afectando de forma directa a su imagen exterior. Una empresa no debe excluir ni ignorar a estos usuarios.

Existen varios aspectos que dificultan el acceso eficiente a la Web:

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